Un artículo mientras leía cosas de Magic: The Gathering me hizo empezar a plantearme cosas. El Professional Gaming (pro-gamer o jugadores profesionales). Consistenta básicamente en ser un jugador profesional de uno o varios juegos. Profesional la mayoría de las veces significa una cosa: dinero.

Normalmente, el dinero se adquiere en eventos junto con la fama. En el mundo de los pro-gamers la fama es una cosa importantísima y muy volátil: un año eres el campeón, al siguiente tus estrategias están desfasadas. Por eso mantenerse en el top es muy, muy serio. Existen páginas como www.wcg.com donde se reúnen los pro-gamers. También la fama permite ser invitado a cada vez torneos más rentables y otra serie de beneficios asociados como vender tus propias líneas de merchandising, ofertas de empleo en otros sectores relacionados, y un largo etcétera. Muchos pro-gamers ayudan a las compañías a diseñar sus nuevos productos que serán vendidos masivamente. Sí,definitivamente (y dependiendo muchísimo del juego y del estado del mercado) es rentable ser un pro-gamer.

 

Cuando el juego se convierte en un trabajo, es eso: un trabajo. Hay guías de psicología y auto-ayuda que facilitan a una persona a convertirse en un pro-gamer y dan consejos sobre como profesionalizarse en esto. Una de los primeras recomendaciones que dan es dejar la diversión a un lado. Desde un punto de vista lógico, es un consejo muy razonable: un pro-gamer va a tener que dedicar muchísimas horas al día a entrenar, prepararse, mejorar y invertir cantidades de dinero y esfuerzo muy considerables a lo que uno invertiría en ocio.

 

Hay más. El objetivo del juego cambia para el jugador. Ya no consiste en divertirse. Ya no consiste en buscar el subidón de dopamina que otorga superar desafíos. Ni mucho menos. Ahora el objetivo es dominar el juego para maximizar tus victorias a cualquier precio. Por aburridísimo que resulte. Los pro-gamers se graban a sí mismos y miran sus propias repeticiones una y otra y ota vez. Largas horas leyendo manuales y consejos y otras tantísimas practicando y discutiendo. Se trata de dominar el juego.

 

¿Pero qué efectos tiene esto para el diseño de juegos? ¿Cómo puede un diseñador de juegos afrontar esto? Más que responder, voy a intentar comprimir algunas características clave de estos pro-gamers que afectan, de forma positiva, negativa (o ambas) al juego que estamos creando.

 

Un pro-gamer invierte más.

Invierte muchísimo más tiempo, dinero y esfuerzo en nuestro juego que cualquier otro usuario. Pero de lejos.

 

Un pro-gamer es muchísimo más selectivo con la competitividad del juego.

Si el juego no tiene suficiente profundidad o interés competitivo, no es un juego del que merezca hacerse un torneo y por tanto no es un juego atractivo a los pro-gamers. Usa esta regla en tu propio beneficio. El ajedrez tiene un prestigio increíble y se celebran cientosde torneos a nivel mundial y se gana bastante dinero. La oca no tienen ningún torneo serio.

 

Los pro-gamer definen el metajuego.

¿Por qué? Pues porque maximizan la forma de ganar. Ellos crean las estrategias vencedoras. Y luego crean otras estrategias que vencen a las antiguas conviertiéndose en las nuevas vencedoras. Y así continuamente. El ciclo del metajuego de un juego es una cosa viva y que necesita ingentes cantidades de tiempo y comunicación (normalmente internet en el mundo de los videojuegos) para consolidarse.

 

¿Y cómo afecta esto al resto? Es simple: Tú y tus amigos jugáis a un juego. Os gusta. Un día uno ve un vídeo en youtube o busca algún consejillo para aprender más cosas (algo muy normal y muy loable: demuestra que el juego le gusta y se interesa). Y de repente se encuentra con el mundo de los pro-gamers donde las estrategias y el metajuego está tan avanzado que es increíble.

 

Lo digo por experiencia: ese primer contacto que te sumerge en el mundo del pro-gaming del juego que te gusta es apasionante. Cuando creías que eras muy bueno en el juego, te encuentras con que apenas estás dando los primeros pasos y hay un mundo por descubrir. Y si te llama la atención, te aprendes un par de trucos chulos. Es espectacular: a poco que lo practicas la diferencia entre ti y tus amgos es apabullante.

 

¡Y estos no se quedan cortos! También entran en ese mundo del metajuego. De repente vuestro videojuego vive una segunda juventud: es como si lo descubriérais todo de nuevo: el metajuego cambia y vuestra calidad de juegos crece una barbaridad…

 

…y si la cosa sigue, tenéis unos jugadores que han incrementado tan bestialmente su juego, que parece semiprofesionales. Arrasan en los torneos locales, no pueden jugar con los otros jugadores que no se han metido tanto en el mundillo; y se encuentran en un escalafón difícil: ¿dar el salto al pro-gaming?

Normalmente no se da; porque la gente tiene su vida y no siempre puede dedicar tanto tiempo al juego profesional. A fin de cuentas tienen sus trabajos, sus estudios, sus cosas… Con lo cual el juego se estanca de golpe: o juegan entre ellos mismos (que están hartos de hacerlo ya y no les supone ningún reto) o se tienen que ir a jugar con los pro-gamers para poder mejorar. El juego online, afortunadamente, hace esta curva más lenta y prolonga la vida útil de nuestro juego; pero ese punto de semiprofesionalidad se alcanza antes o después. Después ocurre lo de siempre: el aburrimiento hace que el juego decrezca interés.

 

¿Es esto malo? Yo pienso que no; pero hay que tener algo en cuenta: si se lo deja inatendido, el metajuego se estanca solo. Pero podemos, como diseñadores, asegurarnos de ir introduciendo mejoras y características progresivamente de forma que siempre quede algo por aprender y que el metajuego se recicle; prolongando la vida útil lo suficiente para sacar rentabilidad a nuestro producto.

 

Si no lo hacemos nosotros, el juego normalmente morirá. Aunque hay casos excepcionales (a mi gusto el más espectacular es Pokémon) donde los propios pro-gamer añaden y reinventan reglas y modos de crear desafíos para reciclar el metajuego de forma espectacular: listas de prohibidos, formatos de torneo, cláusulas… que convierten el juego en más competitivo y suplen el papel que los diseñadores han desatendido.

 

Algún día hablaremos de esta “desatención” totalmente intencionada de algunos juegos con la esperanza de que se muera el pro-gaming y bajar intencionalmente el nivel para que haya más jugadores casual; estrategia que sólo funciona cuando tu franquicia es (como pasa con Pokémon) masivamente dirigida a un público que prefiere diez amigos con el mismo juego que él, a sólo dos aunque estos sean muy buenos y le den un reto. Pero para otro día.

 

Un pro-gamer puede convertirse en un “héroe

Un pro-gamer puede alcanzar el estatus de “héroe” social y arrastra legiones de seguidores. Un futbolista profesional es un pro-gamer por definición. Y mira la influencia que tienen a nivel social.

Los niños quieren imitarlo. Los adultos hablan de él: detractores, partidarios, críticos. Se comenta su juego, su creatividad, sus jugadas, sus controversias.

Merchandising, redes sociales, fama, ofertas de trabajo… y su legión de seguidores detrás. Un pro-gamer que sepa ser aprovechado (y en esto Blizzard a mi gusto son las estrellas) puede ser muy, muy rentable.

 

Un pro-gamer arruina la diversión de un jugador normal

Porque sencillamente hay demasiada diferencia. Uno puede aprender de otro pero cuando la diferencia es demasiado alta, ocurre la temida frustración que hace que el juego se deje de lado. Así que un solo pro-gamer en un torneo de jugadores normaletes, puede estropear con diferencia cualquier afán competitivo y la diversión asociada. Este problema es más común de lo que parece.

 

 

Así que: ¿deben ser mimados? ¿deben ser vigilados? ¿debemos orientar nuestro juego a disuadirlos? ¿Los atraemos? El debate está servido.