9h-BERKANA-RASTREO

La noche en Isla Tormenta no terminó cuando la proyección de Torleif se deshizo ante los ojos del Norte. Para los Ulfhednar, aquello fue solo el principio.

Los Centinelas de Berkana no observan el mundo como otros nórdicos. Cuando algo se quiebra en el velo, su contraparte lupina lo siente antes incluso de que la mente lo comprenda. El Espíritu Lobo de Tormund tensó el horizonte del Otro Lado, olfateando una anomalía que no pertenecía al ciclo natural. El de Nilsa entrecerró sus agudos ojos examinando bien la extraña impronta dejada por Torleif. No era la de un alma en tránsito. No era un eco. Era algo que nunca habían visto. Pero por encima de todo, era un rastro.

Los dos Ulfhednar se reunieron lejos de las hogueras, donde el mundo aún recuerda cómo escuchar. No alzaron voces ni trazaron círculos evidentes. Se arrodillaron con sus lobos tras el velo y a la espalda, sombras de instinto y propósito fundidas con ellos, y ofrecieron a los vientos de Isla Tormenta lo único que los espíritus respetan: intención clara y deuda futura..

El primer espíritu respondió desde las alturas del Otro Lado: un pigargo, señor de las corrientes, nacido para atravesar distancias imposibles sin perder la orientación. Sus alas no batían aire, sino capas de realidad. Era rápido porque entendía el camino antes de recorrerlo.

El segundo emergió desde las grietas bajas, donde el mundo se pliega sobre sí mismo: una marta, delgada como un pensamiento furtivo, hecha para deslizarse entre límites sin ser vista. No corría; desaparecía y reaparecía donde nadie esperaba encontrarla.

Tormund y Nilsa, o sus reflejos, ponderan el siguiente paso. El rastro está fresco, y un ser como Torleif puede ser esquivo de rastrear. Es una oportunidad única. Por otra parte, también es más arriesgado.

Otra posibilidad sería dar un pequeño rodeo por el Este. Allí, un bosquecillo rebosa de magia, cargado hasta las espinas de la vibrante y caótica estática espiritual de Isla Tormenta. Su impronta en el Otro Lado es un fenómeno multicolor indescriptible, uno ante el que los Ulfhednar no podrán dejar de maravillarse por muchas veces que lo vean. Entre tanto ruido, dos sutiles espíritus dando un amplio rodeo podrían seguir el rastro de Torleif con cierta seguridad. Aunque, por supuesto, el riesgo de perderle es claro y esta posibilidad tampoco ofrece ninguna garantía de éxito.

Por último, pueden simplemente esperar un poco. En vez de seguirle de cerca, pueden esperar al alba y seguir el rastro de Torleif a una distancia prudencial… si es que el rastro no se ha desvanecido para entonces.

Sólo queda decidir el rumbo:

Atención: tu respuesta quedará grabada. Es importante que elijas bien, una única vez.

En el reflejo espiritual, el insólito equipo de espíritus rastreadores despega hacia el norte, antes de que el rastro ponzoñoso de aquel ser desaparezca. Aunque vuestra intuición os dice que semejante lodo espiritual no desaparecería fácilmente de todas formas. Nilsa siente un severo estertor en el estómago ante el mero pensamiento de analizar mucho más aquella sustancia, y Tormund alaba en silencio el valor de los espíritus con sinceridad.

El pigargo alzó el vuelo primero, atravesando el Otro Lado desde lo alto, marcando el rumbo. La marta se deslizó bajo ese mismo rastro, siguiendo las zonas donde el veneno se acumulaba en silencio. Dos naturalezas distintas persiguiendo la misma anomalía, como colmillos y garras de una misma caza.

Detrás de ellos, los Centinelas de Berkana permanecieron inmóviles, sostenidos por sus lobos. Sabían que, a partir de ese momento, solo quedaba esperar… y aceptar el precio de haber enviado instinto puro tras algo que no quería ser encontrado.


Rodear por el Este parece lo más sensato. A fin de cuentas, el rastro está perfectamente improntado sobre los espíritus rastreadores, y desde luego la ponzoña espiritual dejada por Torleif no tiene semblanza de disiparse pronto. Mejor aumentar las probabilidades de no ser descubiertos.

El pigargo alzó el vuelo primero, atravesando el Otro Lado desde lo alto, marcando el rumbo. La marta se deslizó bajo ese mismo rastro, siguiendo las zonas donde el veneno se acumulaba en silencio. Dos naturalezas distintas persiguiendo la misma anomalía, como colmillos y garras de una misma caza.

Detrás de ellos, los Centinelas de Berkana permanecieron inmóviles, sostenidos por sus lobos. Sabían que, a partir de ese momento, solo quedaba esperar… y aceptar el precio de haber enviado instinto puro tras algo que no quería ser encontrado.


Los espíritus asienten, y esperan. Las horas corren, y el Norte repliega sus pensamientos para lidiar con los problemas mayores del dragón tirano Agenor.

La mañana llegó al fin. El pigargo alzó el vuelo primero, cortando el Otro Lado desde lo alto, marcando el rumbo. La marta se deslizó bajo ese mismo rastro, siguiendo las zonas donde el veneno se acumulaba en silencio. Dos naturalezas distintas persiguiendo la misma anomalía, como colmillos y garras de una misma caza.

Detrás de ellos, los lobos de los Centinelas de Berkana permanecieron inmóviles. Tenían una dura batalla por delante, y necesitaban enfocar todos sus esfuerzos en ella. Pero, en el fondo, sabían que a partir de ese momento solo quedaba esperar… y aceptar el precio de haber enviado instinto puro tras algo que no quería ser encontrado.